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Vida,

¿Quién soy yo… y que espero ya de mi vida?

Escrito por publicanary 10-08-2009 en General. Comentarios (16)

PENSAMIENTOS...

¿Quién soy yo… y que espero ya de mi vida?
 
 

Preguntas que rondan mi cabeza… y estoy en ese momento en el cual me dejo caer en el vacío… y siento como si millones de manos me dieran latigazos y al mismo tiempo esa sensación de desear llegar a lo más profundo, al mismo infierno y estrellarme en la oscuridad, en la cual terminaría esparcidas mis cenizas…


En esta noche me he derrumbado, y dejo caer a mis pies mi coraza y las mil sonrisas de mis caretas… ya no me apetece ver arco iris, ya no quiero ver una puesta de sol, ni asomarme a ver las estrellas ni tan siquiera saludar a la luna…

 

Ya tengo la respuesta ¿Quién soy? Soy nada entre las tinieblas, ya no veo luz ni quiero verla… voy deambulando a tropezones…. Visualizo curvas vertiginosas y no hago nada para no derrapar…. Y tampoco quiero…

 

La vida fue bonita mientras duró… se esfumaron mis ilusiones, mis esperanzas, y pequeñas metas…. Todo ha ido desapareciendo casi sin darme cuenta… hasta ver la puta realidad…. Ya no espero ni quiero nada de esta vida…


Cuando ya se llega a ese extremo y todo es gris, todo es agrio, todo es nada… cuando se tiene a alguien a la cual tengo que llenarle su vida con luz, alegría, ilusiones, risas…

Y nada de eso puedo ofrecer…. Es mejor dejarse caer en ese vacío…

P.A.M. - 8/8/2009

 

Siembra el Amor...

Escrito por publicanary 14-05-2006 en General. Comentarios (19)

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La vida es un jardín; lo que siembres en ella, eso te devolverá. Así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores más bellas. Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada, es una simiente. Cada una tiene en sí el poder vital y germinativo.

 

Procura, entonces, que caiga tu simiente en el surco abierto del corazón de los hombres y vigila su futuro. Procura además, que sea como el trigo que da pan a los pueblos y no produzca espinas y cizañas que dejen estériles las almas.

 

Muchas veces sembrarás en el dolor, pero esa siembra, traerá frutos de gozo. A menudo sembrarás llorando, pero ¿quién sabe si tu simiente no necesita del riego de tus lágrimas para que germine?

 

No tomes las tormentas como castigos. Piensa que los vientos fuertes harán que tus raíces se hagan más profundas para que tu rosal resista mejor lo que habrá de venir. Y cuando tus hojas caigan, no te lamentes; serán tu propio abono, reverdecerás y tendrás flores nuevas.

 

¿Rompió el alba y ha nacido el día?, salúdalo y siembra. ¿Llegó la hora cuando el sol te azota?, abre tu mano y arroja la semilla. ¿Ya te envuelven las sombras porque el sol se oculta?, eleva tu plegaria y siembra.

 

Si eres niño, siembra, y tus propias manos recogerán el fruto. Si ya eres viejo, las manos de tus hijos recogerán la cosecha.

 

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada, fructificará según como lo siembres. Ve y arroja el grano, ve abriendo el surco y siembra. Y cuando llegue el atardecer de tu vida, enfrentarás la muerte con los brazos cargados y una amplia sonrisa, como el sembrador que, dejando la mancera al terminar el día, se acerca cargado y sonriente a la dulce cabaña donde lo espera la amada esposa y la sabrosa cena.

 

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada es una simiente. Procura, siempre: "una siembra de amor".

 

YO...

Escrito por publicanary 04-05-2006 en General. Comentarios (15)

 

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Siempre me pregunté por qué la gente no puede mostrarse tal y como es. No comprendía cómo una persona puede llegar a pensar y actuar de una manera distinta. Todo esto un día tuvo su respuesta: yo.

No pude admitir que yo fuera así; no podía consentir que mis pensamientos fuesen contrarios a mi forma de actuar, de opinar, en fin, de hablar. ¿Cómo podía hablar con alguien y estar pensando de ella algo que nunca sería acorde con mis palabras?

Poco a poco fui dándome cuenta que yo era una persona muy distinta a la que todos creían conocer. Era muy extraño, incómodo. Para mí significó mucho más que un cambio, más que un proceso. Fue algo distinto, que a la vez que me maravillaba, me asustaba. ¿Por qué durante tanto tiempo no me había dado cuenta de esto? Puede que yo no quisiera verlo o que no estuviese preparada para hacerlo, pero la cuestión era que ahora sí me daba cuenta de lo que pasaba.

Mi reacción no fue la mejor que pude haber tenido. Me encerré en mí misma, huía de todo lo que pudiese mostrar mi cambio. De mis amigos, familia, conocidos, compañeros...de todo, no quería saber nada, ni de nadie. Quería aislarme, centrarme en mí y hacer que volviera a surgir la persona que siempre había sido. Pero el problema era que esa persona con la que yo siempre me había identificado no era yo, era otra persona, otro mundo, otra actitud. ¿Qué hacer entonces? ¿Sentirme indiferente y dejar que todo en mí cambie sin yo ni siquiera oponerme a ello? No. Tenía que buscar la causa de este cambio. Saber porqué había sucedido y si tenía solución. Seguramente no; y no porque yo no quisiera que la tuviera, sino porque la persona que ahora era, era realmente yo. Entonces, ¿cómo luchar contra mí misma? ¿Cómo buscar soluciones a algo que seguramente no tenía marcha atrás?

Al principio era fácil decir que yo no era la que estaba cambiando, sino los demás; pero cuando vi que todo el mundo se alejaba de mí, comprendí que esto no era así.

Mis cambios de actitud, de humor, mi personalidad, en una palabra, yo. Todo, todo se había dado la vuelta y había tomado otro aspecto, otra forma, otro color y así también lo hizo mi vida.

Sólo tenía dos posibles soluciones: aceptar mi cambio o volver a ser la que no era. Era una difícil elección. La primera conllevaba volverme a conocer, a temerme, a maravillarme; pero también a que las personas volvieran a confiar en esa persona a la que hace meses llamaban amiga y ahora ni conocían.

La segunda era fácil, pero a la vez difícil. Sólo tenía que comportarme como lo había hecho siempre, a la vez que afrontaba interiormente mi hipocresía.

Estas dos soluciones no eran las mejores, pero sí las únicas. También podía optar por ignorarlo todo y seguir adelante, pero eso ya no era posible. Yo conocía ya ese cambio, no podía actuar de la misma forma y además ya me lo había preguntado muchas veces, siendo por lo tanto imposible ignorarlo.

Pedí consejo a muchas personas, y ninguna afirmaba haber pasado nunca por esto, aunque después me enteré de que esto era falso. Muchas otras me decían que siguiera adelante, otras que no comprendían y otras que eran paranoias mías. Fuera lo que fuera, era algo que me desesperaba y que no podía pasar por alto así como así.

Buscaba en mi interior algo que me dijera que esto era pasajero, que volvería a ser la persona que tanto anhelaba ser...pero no. No lo encontré y dudo que algún día lo haga.

Tú, que estás leyendo estas líneas, quizás lo comprendas o simplemente te sientas identificado con algunas cosas que aquí se dicen. Si algún día encuentras la solución a todo esto no dudes en decirlo, en comunicarlo. Hay muchas personas, que como tú y yo sienten que aún no han encontrado la solución.

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La vida es como un espejo...

Escrito por publicanary 04-09-2005 en General. Comentarios (10)
Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada...


Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera.

Al terminar de subir se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dió cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos mas observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo.

Posteriormente sonrió y les ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: ¡ Que lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 del cuarto se sintió amenazado, ya que lo estaban viendo de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio como los 1000 perritos le ladraron también a él.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: ¡Que lugar tan horrible es este! ¡Nunca mas volvería a entrar allí!

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía:

"La casa de los 1000 espejos"
No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones.

"Todos los rostros del mundo son espejos"... Decide cual rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás.